Cuando un hombre camina en dirección a su destino, se ve forzado muchas veces a cambiar su rumbo.
Paulo Coelho
- ¿En serio? ¿Sabes dónde está? ¿Qué le ocurre?
Por primera vez desde la muerte de Frimi, J dejó de pensar en él.
- Tranquilo. Sigue viva, pero no tiene mucho tiempo. Te necesita. Tienes que olvidar tus problemas e ir a echarle una mano.
El gato comenzó a relamer su verdosa pata con deleite, como si estuviese degustando un postre delicioso.
- Vale. Dime quién eres. Dime por qué me ayudas. Y dime dónde está ella.
- Sigues nervioso, chico... Siéntate. Contestaré a tus preguntas.
J asintió con recelo y tomó asiento en un saliente rocoso de la pared. El gato se colocó de un salto frente al muchacho, flotando en el aire. Su color cambió lentamente del verde al amarillo.
- Habla.
- Mi nombre es Medlum. Sería difícil explicarte quién soy con precisión. Te llevaría mucho tiempo comprenderlo. Así que lo simplificaré bastante: soy Dios. Al menos en este universo.
El color del gato volvió a cambiar, esta vez a azul. J lo miró, escéptico.
- Sé lo que piensas, y sé lo que vas a pensar. Sé lo que tengo que decirte para que hagas lo que tienes que hacer, y sé cómo hacer que no lo hagas. Sé lo que sientes, sé cómo vas a superarlo y sé lo que vas a sufrir. Desde tu perspectiva, lo sé todo.
Era extraño, pero J supo que aquel gato decía la verdad. Y una luz apareció al final de su túnel.
- ¿Eres todopoderoso?
El gato contestó sin abrir la boca.
Oo. Desde tu punto de vista, sí, lo soy. Hay cosas que no puedo hacer, pero no podrías imaginarlas.
J escuchó la respuesta dentro de su cabeza, y el diálogo continuó allí dentro.
.oO Tengo que pedirte dos cosas. Bueno, ya sabes cuáles son. ¿Me ayudarás?
Oo. Sí. Te mostraré el camino a seguir. Nada es imposible.
La vista del chico comenzó a nublarse. Se restregó los ojos y al abrirlos ya no estaba en la cueva. Cuatro cuaterniones jugaban al mus en una mesa mientras otros tantos saltaban a la comba.
- ¿Un espacio de Lie?
El gato apareció delante de J:
- Exacto. No abeliano.
- ¿Qué hacemos aquí?
- S está encerrada en este espacio. Cuando llegues, esos cuaterniones estarán jugando al mus. ¿Ves al más gordo?
- Sí, el de la peluca.
- Ese. Cuando llegues, no hables con nadie. No hagas nada. Sólo dale una colleja a ese cuaternión.
J no pudo evitar sonreír.
- ¿Lo dices en serio?
- Totalmente. No es buena gente. Hazme caso y todo irá bien.
El gato guiñó un ojo con picardía. Las paredes se desvanecieron y la cueva volvió a aparecer.
- Vale. Sólo queda por saber cómo llego hasta allí. Y lo de Frimi.
Al joven se le encogió el corazón al pronunciar su nombre.
- Con respecto al camino hacia allí, cuando salgas de la cueva habrá un avepluma esperándote. Acaríciale el ala izquierda y sube a su espalda.
.oO ¿Y Frimi?
Oo. Ella te dará la respuesta que necesitas.
Hombre y gato se miraron a los ojos.
- Gracias por todo.
J se levantó dispuesto a salir corriendo de la cueva.
- De nada. Pero espera, muchacho. El avepluma no llegará hasta mañana. ¿Quieres aprovechar este momento y te cuento algunas anécdotas más?
El gato guiñó un ojo y dos jarras de hidromiel aparecieron de la nada.
- Claro, ¿por qué no? :)
Medlum comenzó a narrar historias fascinantes que aderezaba con efectos especiales de todo tipo. La tarde se convirtió en noche, y la noche no tardó en pasar.
Justo antes de amanecer, la conversación terminó. Dos lágrimas resbalaron por las mejillas de J, que se despidió con una mirada. Sin mediar palabra, se levantó, salió de la cueva, acarició el ala izquierda de un precioso avepluma y salió volando del lugar.
Ya en el aire, J acarició la cabeza del avepluma y le susurró al oído:
- Es el amanecer más bonito que he visto nunca.
Los dos sonrieron, y su silueta se perdió en el horizonte.