24 de octubre de 2014

De vuelta al camino


Cuando un hombre camina en dirección a su destino, se ve forzado muchas veces a cambiar su rumbo.
Paulo Coelho

- ¿En serio? ¿Sabes dónde está? ¿Qué le ocurre?

Por primera vez desde la muerte de Frimi, J dejó de pensar en él.

- Tranquilo. Sigue viva, pero no tiene mucho tiempo. Te necesita. Tienes que olvidar tus problemas e ir a echarle una mano.

El gato comenzó a relamer su verdosa pata con deleite, como si estuviese degustando un postre delicioso.

- Vale. Dime quién eres. Dime por qué me ayudas. Y dime dónde está ella.
- Sigues nervioso, chico... Siéntate. Contestaré a tus preguntas.

J asintió con recelo y tomó asiento en un saliente rocoso de la pared. El gato se colocó de un salto frente al muchacho, flotando en el aire. Su color cambió lentamente del verde al amarillo.

- Habla.
- Mi nombre es Medlum. Sería difícil explicarte quién soy con precisión. Te llevaría mucho tiempo comprenderlo. Así que lo simplificaré bastante: soy Dios. Al menos en este universo.

El color del gato volvió a cambiar, esta vez a azul. J lo miró, escéptico.

- Sé lo que piensas, y sé lo que vas a pensar. Sé lo que tengo que decirte para que hagas lo que tienes que hacer, y sé cómo hacer que no lo hagas. Sé lo que sientes, sé cómo vas a superarlo y sé lo que vas a sufrir. Desde tu perspectiva, lo sé todo.

Era extraño, pero J supo que aquel gato decía la verdad. Y una luz apareció al final de su túnel.

- ¿Eres todopoderoso?

El gato contestó sin abrir la boca.

Oo. Desde tu punto de vista, sí, lo soy. Hay cosas que no puedo hacer, pero no podrías imaginarlas.

J escuchó la respuesta dentro de su cabeza, y el diálogo continuó allí dentro.

.oO Tengo que pedirte dos cosas. Bueno, ya sabes cuáles son. ¿Me ayudarás?
Oo. Sí. Te mostraré el camino a seguir. Nada es imposible.

La vista del chico comenzó a nublarse. Se restregó los ojos y al abrirlos ya no estaba en la cueva. Cuatro cuaterniones jugaban al mus en una mesa mientras otros tantos saltaban a la comba.

- ¿Un espacio de Lie?

El gato apareció delante de J:

- Exacto. No abeliano.
- ¿Qué hacemos aquí?
- S está encerrada en este espacio. Cuando llegues, esos cuaterniones estarán jugando al mus. ¿Ves al más gordo?
- Sí, el de la peluca.
- Ese. Cuando llegues, no hables con nadie. No hagas nada. Sólo dale una colleja a ese cuaternión.

J no pudo evitar sonreír.

- ¿Lo dices en serio?
- Totalmente. No es buena gente. Hazme caso y todo irá bien.

El gato guiñó un ojo con picardía. Las paredes se desvanecieron y la cueva volvió a aparecer.

- Vale. Sólo queda por saber cómo llego hasta allí. Y lo de Frimi.

Al joven se le encogió el corazón al pronunciar su nombre.

- Con respecto al camino hacia allí, cuando salgas de la cueva habrá un avepluma esperándote. Acaríciale el ala izquierda y sube a su espalda.

.oO ¿Y Frimi?
Oo. Ella te dará la respuesta que necesitas.

Hombre y gato se miraron a los ojos.

- Gracias por todo.

J se levantó dispuesto a salir corriendo de la cueva.

- De nada. Pero espera, muchacho. El avepluma no llegará hasta mañana. ¿Quieres aprovechar este momento y te cuento algunas anécdotas más?

El gato guiñó un ojo y dos jarras de hidromiel aparecieron de la nada.

- Claro, ¿por qué no? :)

Medlum comenzó a narrar historias fascinantes que aderezaba con efectos especiales de todo tipo. La tarde se convirtió en noche, y la noche no tardó en pasar.

Justo antes de amanecer, la conversación terminó. Dos lágrimas resbalaron por las mejillas de J, que se despidió con una mirada. Sin mediar palabra, se levantó, salió de la cueva, acarició el ala izquierda de un precioso avepluma y salió volando del lugar.

Ya en el aire, J acarició la cabeza del avepluma y le susurró al oído:

- Es el amanecer más bonito que he visto nunca.

Los dos sonrieron, y su silueta se perdió en el horizonte.


26 de julio de 2011

El gato verde



J despertó de nuevo en la cama de paja. Miró a su alrededor buscando al sabio personaje que lo había acogido pero no encontró sino un gato de color verdoso que le miraba con gesto extraño. Recorrió la estancia mientras el gato le seguía con la mirada. J encontró una armónica encima de una mesita diminuta. La armónica parecía hecha de cristal o algún material similar. El muchacho, que era muy aficionado a la música, no pudo resistirse e improvisó unas cuantas notas en el curioso instrumento. Pero no fue música lo que produjo, sino una dulce voz. Cada nota que tocaba al soplar producía una sílaba. De esta manera, soplando la armónica, pudo escuchar: "4H, vuelve rápido a tu causa".

J no sabía qué pensar. Siguió tocando la armónica pero siempre escuchaba la misma frase, con distinta entonación, pero siempre las mismas palabras, tocase la nota que tocase. Volvió a observar lo que le rodeaba con gran confusión, guardándose la armónica en el bolsillo. El gato verdoso ya no estaba allí, aunque la puerta seguía cerrada y no había ninguna ventana. Las paredes de la pequeña estancia eran de madera, al igual que el techo. El suelo estaba formado por baldosas de color amarillo y forma irregular. En una pared había un gran cuadro de un barco pirata hundiéndose. J recordó los tableros que se usan para jugar a hundir los barcos, cuadrículas clasificadas con letras y números. Probó a numerar las baldosas de ese modo. Eligió que las letras estuviesen en la pared de la puerta y en la pared de la izquierda los números. Contó la baldosa 4H y la observó y manipuló con detenimiento, no encontrando nada extraño en ella. Probó entonces a contar los números en la pared de la puerta, y las letras en la pared de la izquierda. Buscó la casilla 4H. Nada más tocarla comprobó que estaba suelta. La levantó y encontró un papel debajo. Era un dibujo de la cabaña con forma de bota y la pequeña cascada que había al lado. Con tinta negra había señalada una flecha hacia la cascada.

J salió de la cabaña y se dirigió a la cascada. Se zambulló en el agua para comprobar lo que había tras la caída del agua. Cuando atravesó la cascada vió que estaba en en comienzo de una gruta de piedras enormes. Allí estaba el gato verdoso que, mirándole muy fijamente, le dijo:

- S está en apuros.


http://www.youtube.com/watch?v=dKWT5wW4gdY

16 de octubre de 2010

La culpa



"El alma desordenada lleva en su culpa la pena."
San agustín.


Aunque J era libre de nuevo, la muerte de Frimi encerró su alma en el más profundo de los infiernos. Aquel maravilloso e inocente ser había muerto por su culpa, por su tremenda estupidez. Nunca, NUNCA, bajo ninguna circunstancia, debió arriesgar la vida de Frimi.

Después de vagar dos días entre árboles y lágrimas por un lugar desconocido vislumbró una pequeña cabaña con forma de bota gigante cerca de una diminuta pero bellísima cascada. Se arrastró hasta allí, se secó las lágrimas, se limpió los mocos con la manga izquierda, llamó a la puerta y se dejó caer al suelo, ya sin fuerzas, rezando porque alguien saliese a ayudarle.

Nadie salió.

J gateó hasta la pequeña cascada, bebió un poco de agua y se quedó dormido.



Cientos, miles de pequeños seres con verdes trajes le señalaban gritando.

- ¡Asesino! ¡Criminal!

- Fue un accidente - respondía J llorando, muerto de miedo -. Juro que no sabía lo que iba a pasar.

- ¡Asesino! - obtenía como única respuesta.

Una diminuta mujer agarró una enorme piedra del suelo y la lanzó contra J.



- ¡Ah!

- ¿Pesadillas?

Una persona de aspecto indefinible preparaba algo de espaldas a J, moviendo los brazos a gran velocidad. El chico estaba tumbado en una cama de paja, sudando, muy asustado y algo confuso.

- Sí.

- Como decía mi abuelo, "Gran descanso es estar libre de culpa". Cuéntame, ¿qué crees que has hecho?

J quedó asombrado ante tan rápido diagnóstico.

- Algo horrible y, desgraciadamente, irreversible. Debí pudrirme en esa celda. Eso habría sido lo justo.

- Tu equivocación es múltiple, amigo.

La mitad del cuerpo de aquel sabio personaje se giró para mirar a J.

- Nada es tan horrible. Precisamente porque todo es reversible, al menos en este universo. Y bien sabes que tu destino no era pudrirte en esa celda.

J se levantó corriendo y, postrándose a los peludos pies de aquel "hombre", imploró llorando:

- Por favor, dime cómo puedo deshacer lo que he hecho. Por favor...

Tres brazos lo levantaron del suelo con facilidad mientras una mano le acariciaba la cabeza.

- Debes dormir. Tranquilo. Te ayudaré cuando estés preparado. Ahora descansa.

Los brazos colocaron a J en la cama con cariño y lo arroparon. El joven cayó dormido de forma casi instantánea.

- Mañana será otro día - dijo el sabio con una sonrisa en la mitad izquierda de su boca.



23 de febrero de 2010

Lost



S despertó confusa. Estaba sola de nuevo.

Por la ondulación de su pelo supo que se encontraba en una variedad compacta sin delimitación, simplemente conexa, conjunto de todos los cuaterniones unidad, homeomórfica con la compactación en un punto R al cubo, en definitiva: en un grupo de Lie paralelizable y no abeliano.
Caminó por una senda circular que se encogía progresivamente, y se encontró con un cuaternión de aspecto hostil (posiblemente desconfiara de ella porque parecía ser abeliana). S, que había hecho un curso online de danzas y gestos rituales de ayer y hoy, comenzó a mover brazos y piernas y sacudir sus caderas en señal de amistad y respeto al grupo de Lie, pero no pudo completar el ritual de concordia porque no sabía mover las orejas. Al percatarse de esto el cuaternión emitió un sonido hueco...

Todo ocurrió deprisa. S no tuvo tiempo de reaccionar. Fue conducida por Lie y sus cuaterniones por una escalera de caracol hasta un polícoro, donde la encerraron en una celda.


10 de febrero de 2010

Absurdo


Como nosotros.



El plan estaba claro.



Frimi atravesaría la pared hasta llegar al hombre grande que dormía detrás de la puerta, cogería la cosa metálica que colgaba de su cinturón y la metería por el agujero de la puerta. Luego giraría la cosa metálica y J sería libre.

- ¿Todo claro, pequeño?
- ¡Sí, señor! - contestó Frimi con mucha energía y una sonrisilla en la cara.
- ¡Pues adelante, soldado! - ordenó J, también sonriendo. Le había cogido cariño a ese pequeñajo.
- Me gustaría añadir algo antes de partir, señor.
- Hágalo soldado. ¿Qué ocurre?
- Me cae usted muy bien.

Y diciendo esto, Frimi abrazó el tobillo derecho de J cerrando los ojillos y esgrimiendo una enorme sonrisa. J lo cogió en brazos, le miró a los ojos y lo abrazó. A pesar de sus esfuerzos, Alicia y Socorro se asomaron a ver qué ocurría.

- Vamos soldado. ¡La misión no va a realizarse sola! - dijo J con dificultad, secándose los ojos.

El pequeño sonrió, saludó llevádose la mano a la frente y salió corriendo hacia la pared, desapareciendo enseguida.

Pasó tiempo. Uno, diez, mil dits, y Frimi no daba señales de vida.

- ¿Frimi?

Nada.

J comenzó a preocuparse. ¿Y si le había pasado algo al pequeño? Pero, ¿qué podía pasarle? Al fin y al cabo, podía atravesar las paredes y el suelo.

Los dits pasaban. Algunos rápidos como estrellas fugaces. Otros lentos como soles.

.oO Como nosotros - pensó J.

Y en su mente apareció una imagen devastadora.

- ¡No!

Un sonido metálico se oyó al otro lado de la puerta. La llave estaba siendo introducida. Pasos y voces rompieron el silencio que había existido hasta ese momento. El cerrojo se movió, dejando la puerta a merced de los elementos. Un fuerte golpe impulsó la puerta con fuerza. Un resplandor verde lo invadió todo, menos el corazón de J.

Se acercó corriendo, pero todo había acabado. El guardia yacía en el suelo, inconsciente, con la maza en la mano. J vio lo que ya había visto. Un destello verde en el suelo. Permaneció mirándolo, sin hacer nada, durante uno, diez, mil dits. Algunos lentos como soles. Otros rápidos, como estrellas fugaces.

- Como nosotros.


2 de febrero de 2010

Frimi



Claro que lo entiendo. Incluso un niño de cinco años podría entenderlo. ¡Que me traigan a un niño de cinco años!

Groucho Marx



Oscuridad. Dolor de cabeza. J estaba confuso, mareado, tirado en un frío suelo de piedra en lo que parecía ser una especie de celda. Entre los pequeños barrotes de un alto ventanuco se colaban dos rayos de sol que, golpeando sus párpados, le hicieron despertar.

.oO Tranquilo. Piensa. ¿Dónde estás? ¿Qué ha pasado?

La puerta, de madera sucia y de apariencia contundente, no dejaba resquicios que permitiesen ver el exterior.

- La cuestión es que no recuerdo nada desde... no lo sé.
- Vaya, eso debe ser una sensación extraña.

Un pequeño ser con voz de niño, sentado en uno de los salientes de la irregular pared, movía sus piernecitas, que colgaban con cierta gracia.

- Lo es. ¿Quién eres?
- Frimi. ¿Y tú? Llevas todo el día durmiendo, y el día anterior a hoy también. ¡Debías estar muy cansado!

El diminuto ser llevaba puesto un sombrero verde con una pequeña pluma blanca.

- Jajaja. No creo que haya sido por cansancio. Creo que alguien me golpeó en la cabeza.
- ¡Oh, vaya! ¿Por qué iba a querer alguien hacer eso?
- Me hago la misma pregunta. Dime pequeño, ¿dónde estoy?

El hombrecillo se puso en pie y, con aire orgulloso y los brazos en jarra, contestó:

- ¡No soy pequeño! ¡Nací hace más de 7 estaciones! Papá dice que soy todo un hombretón.
- Lo eres, sin duda :) Está bien, compañero. ¿Dónde estamos?
- En mi casa.
- Vaya... :) ¿Y dónde vives? Quiero decir, ¿qué es tu casa? ¿Qué es esto?
- Que pregunta tan extraña. Esto es mi casa. Vivo aquí desde que nací, igual que mi paaaadre -aquí Frimi empezó a contar con los dedos-, y que el padre de mi paaaaadre, y que el padre del padre de mi paaaaadre, y que el padre del padre del...
- Vale, vale... Lo he cogido.
- ¿El qué? - dijo Frimi sosteniendo con su manita derecha el cuarto dedo de su mano izquierda y con cara de asombro.
- Nada. Lo que quiero decir es... ¿alguna vez has salido de tu casa? ¿Sabes lo que hay fuera?
- Mamá no me deja salir. Dice que aún soy pequeño para eso, y que es peligroso - dijo con voz triste -. ¡Pero cuando cumpla 15 estaciones saldré a cazar con papá y los demás mayores! Llevaremos lanzas, y espadas, y cosas con pinchos, y redes, y...
- Ya, comprendo. Frimi, ¿quieres que juguemos a algo?
- ¡Sí, sí! ¿Podemos jugar al Frinki-Fronki? Yo seré Frinki...

Frimi comenzó a saltar dando vueltas en el aire y emitiendo un extraño sonido que, transcrito al lenguaje común fonéticamente, resulta algo parecido a "fffffrrrrrrRRRRRrrrrrrffffff-g".

- ¿Por qué no jugamos a volar?
- Suena divertido. ¿Cómo se juega?
- Pues yo te cojo a ti, te lanzo hacia arriba, y te recojo cuando caigas. Así notarás lo que se siente al volar.
- ¡Qué guay! ¡Que guay! ¡Vamos! - gritó Frimi extendiendo sus bracitos.

J agarró al pequeño y comenzó la cuenta atrás con voz de reportero:

- Chan chan chan chán, cha cha cha cháaaaan. Con siete estaciones recien cumplidas, ¡Frimi será el primer... hombrecillo en volar sin alas! ¡Cinco! ¡Cuatro! ¡Tres! ¡Dos! ¡Uno! ¡VUELA!

J lanzó al pequeño hacia arriba a una altura media.

- ¡Yuhuuuuuu! ¡Yuhuuuu!
- ¡Y ahora más fuerte! ¿Preparado?
- Síiiiiiiiiiiiiii.

Esta vez, J lanzó al pequeño hasta la altura del ventanuco un par de veces.

- ¡Yuhuuuuuu! ¡Yuhuuuuuuuu! ¡Qué guay! ¡Tienes que probarlo! ¡Déjame lanzarte!
- Jajaja. No te preocupes, pequeño. Pero dime, ¿qué has visto por la ventana?

De un salto, Frimi se posó en el suelo y agarró a J por un pie.

- Ahora te lanzo y lo ves.
- Pero pequeño, te vas a hacer daa... ¡¡¡aaaAAAAAAAAAAHHHHHH!!!!

Frimi lanzó a J con demasiada fuerza y éste chocó con el techo.

- ¡Auuuuu!
- ¡Uy! Perdona... Como eres tan grande pensé que pesarías más...
- ¿¡Cómo has hecho eso!?
- Pues así.
- ¡AaaaaaaaaaaaAAAAAAAAAAAAaaaaaaaahhhh!

Esta vez, J se fijó en el exterior a través del ventanuco.

- ¡Uau!
- ¡A que mola! ¡A que mola! ¿Quieres otra vez? ¡Nunca había jugado a volar! ¡Se lo voy a enseñar a todos mis amigos! A Muuuuurfri - dijo Frimi empezando a contar con los dedos otra vez -, a Toooomfri, a Friiiiimu, a Raaaaamfi, a Fiiiiipro, a...
- A todos, sí. Estooo... Frimi, ¿se te ocurre alguna forma de ayudarme a salir de aquí?
- No entiendo la pregunta.
- Verás... Me gustaría no estar aquí dentro. Querría estar allí fuera.
- ¿No te gusta jugar conmigo? - dijo Frimi con ojitos de cordero.
- ¡Claro que me gusta! ¡Me encanta! No es por ti. Es que tengo que ver a alguien, y si permanezco aquí no podré hacerlo.
- Aaaaaaaaaaahhh. ¿Y por qué no sales, entonces?
- Porque no sé cómo hacerlo. ¿Conoces alguna salida?
- ¿Qué es "salida"?
- Un sitio por el que pueda pasar desde aquí dentro hasta allí fuera.
- No entiendo... Si quieres ir allí fuera, ¿por qué no vas y ya está?

J se acercó a una de las paredes y la golpeó con la mano dos veces.

- ¡Todavía no puedo atravesar paredes! :)
- ¿En serio? - preguntó Frimi con cara de pena -. Pobrecito. ¿Te rompiste el fris de pequeño? A mi abuelo le pasó y murió pronto. Debe ser horrible morir encerrado.
- ¿Eins? ¿Qué es el "fris"?
- Jajaja. Haces preguntas muy raras :) El fris es esto.

Frimi se bajó los pantalones y señaló con su dedito al lugar donde debería estar su trasero. ¡Pero su trasero no estaba! En su lugar, una especie de diminuta piedra preciosa emitía un intenso resplandor verde.

- Vaya, eso sí que no me lo esperaba. ¿Y para qué sirve el "fris"?
- Pues que yo sepa, para hacer pis y no quedarse encerrado, aunque intuyo que los mayores lo usan para otras cosas - dijo Frimi con una sonrisita picarona.
- Entiendo :) ¿Me estás diciendo que puedes atravesar paredes?
- Qué tonto eres :) ¡Claro que puedo!

Frimi saltó hacia la pared opuesta al ventanuco y desapareció.

- Interesante... ¡Frimi, vuelve por favor!
- ¡Estoy aquí! - gritó Frimi desde detrás, riendo a carcajadas.
- Jajajaja. Eres un campeón, pequeño. Creo que estás preparado.
- ¿Preparado para qué?
- Para una misión secreta - susurró J.

Los ojos de Frimi se abrieron hasta ser grandes como platos.

- ¿UNA MISÓN SECRETA? ¡CLARO QUE ESTOY LISTO! ¡SOY TU HOMBRE!
- Ssssshhhhh. No grites, pequeño. Esto es ultra secreto.
- Sssssssssshhhhhh. Tienes razón - susurró Frimi -. ¿Cuál es mi misión?
- Verás...




27 de junio de 2009

Capítulo XX: El encuentro



"Somos los viajeros de una travesía cósmica, polvo de estrellas danzando y girando. En las corrientes y los torbellinos del infinito la vida es eterna, pero las expresiones de la vida son efímeras, momentáneas, transitorias. Nos hemos detenido momentáneamente, para encontrarnos unos a otros, para conocernos, amar y compartir. Este es un momento precioso pero transitorio, es un pequeño paréntesis en la eternidad."


Su campo visual se tornó borroso cuando Alicia y Socorro, las lágrimas más rápidas que habitaban sus lagrimales, decidieron salir a la superficie. A través de sus traslúcidos cuerpos, J observaba de nuevo la imagen de aquel mágico ser que le había hechizado como sin querer, con la naturalidad de quien ignora que un simple gesto suyo ha cambiado completamente el Universo de otros. Cinco segundos más tarde, una vez asumida la presencia de la joven, el intenso dolor volvió a atenazarle...



Después de tres días de viaje soportando las inverosímiles historias de Klantor, el cochambroso barco llegó a un viejo puerto que se mantenía a flote a duras penas en el noreste de la isla. Durante el viaje, J intentó sonsacar información a Klantor sobre la Isla Azul y sobre la existencia de un caracol gigante, pero fue imposible arrancar al pirata de su bucle de rocambolescas historias.

El pequeño puerto estaba desierto y a lo lejos se distinguía una oscura masa de árboles.

- Quizás allí encontremos ayuda...

Así que partieron tras despedirse de Klantor con un apretón de garfios y un brindis en el que sólo bebió uno.


- ¡Hijo, aprieta más fuerte!

Gumersindo cerró con mayor fuerza su trompa alrededor de la pierna de J, y la sangre dejó de brotar por unos instantes. J gritó.


- ¡Necesitamos un médico! ¡Chica! ¿Dónde podemos llevarle?

S se acercó al herido y, sin dejar de mirarle a los ojos, acarició su frente. Con una mirada de la chica y un ligero roce en la trompa, sin necesidad de palabras, Gumersindo apartó su enorme nariz de la pierna, que volvío a sangrar profusamente. La mano de la muchacha se introdujo hábilmente en la herido con un rápido movimiento. J volvió a gritar, esta vez con más fuerza que antes.



El bosque era extrañamente denso y los árboles, aunque inmóviles, daban al observador cierta sensación de movimiento rítmico.

- ¿Entramos?
- Entremos.

El silencio en el bosque era, literalmente, asfixiante. Parecía como si aquellos extraños árboles hubiesen absorbido el aire del mundo para guardarlo en una especie de repliegue húmedo y rugoso que todos tenían en el tronco, y que se hinchaba y deshinchaba lentamente.

- ¿Qué diablos es eso? - pregunto el pequeño elefante con repugnancia.
- No lo sé, pero este sitio no me gusta. Deberíamos volver, muchacho.
- No podemos retroceder... intentaré hablar con alguno de estos árboles.

J se acercó a un extravagante abedul (cuyo idioma conocía) y, poniendo una mano en su tronco e inclinando la cabeza, comenzó a hablar.



Después de diez segundos eternos1, S sacó la mano de la enorme herida infringida en el muslo derecho del joven mostrando un pequeño y repugnante ser que gritaba con chirriante y afilada voz.

- ¡Por las barbas de la Gran Hu Wo! ¿Qué diantres es eso? - gritó Florencio estremecido.

- Es una cría de djinn. Alejaos, por favor.

S sacó una fina vara y dibujó una extraña figura en el suelo de arena, colocando al engendro en el centro. Al instante, el djinn dejó de moverse y de gritar para alivio de todos. La chica metíó un pañuelo el la boca de la cría, impregnándolo con su saliva. Luego, con suavidad pero con firmeza, cubrió la herida de J con el pañuelo e improvisó un vendaje con una de sus mangas, que había arrancado
previamente sin contemplaciones.

- Te pondrás bien, no te preocupes - dijo acariciando la frente del herido.


- Hola amigo. No pretendo molestarte, pero necesito tu sabio consejo. ¿Puedo interrumpir tu sueño para formular una sencilla pregunta?

J obtuvo silencio como respuesta, así que insistió.

- Amigo, ¿me escuchas? Necesitamos tu inestimable ayuda para encontrar a alguien. Estoy seguro de que puedes ayudarnos.

La copa del abedul se movió ligeramente, y la extraña bolsa se hinchó más de lo normal.

- ¿Qué dice?
- Creo que quiere ayudarnos...

La bolsa siguió creciendo y tensándose hasta alcanzar el tamaño de una sandía. J comenzó a apartarse por el efecto patata caliente, pero siempre manteniendo contacto físico con el abedul.

- BURRARRUMMMMM

- ¡Va a ayudarnos! ¡Gracias amigo! ¡No sabes lo feliz que...!

La bolsa estalló sin dar tiempo a J a acabar la frase. J cayó de rodillas, debido al impacto psicológico que acababa de sufrir y al desbordante dolor que sentía en su pierna derecha. Cuando vio brotar la sangre de su muslo todo empezó a girar a su alrededor, las voces de sus amigos eran cada vez más lejanas y las formas se iban tornando cada vez más difusas y oscuras hasta que poco a poco se sumió en la más completa oscuridad, justo al tiempo en que su cuerpo caía contra el suelo en toda su extensión.

Veinte dits2 más tarde, J abrió los ojos. El sol brillaba como nunca. Estaba sentado sobre el césped, rodeado de sus amigos y otra figura que le resultaba muy familiar… ¡era ella! ¡La joven que le tiró la piedra para evitar que mordiera a Florencio! ¡Estaba a sólo medio metro de él!

Algo malo ocurría. Las extrañas aves de la isla volaron en estampida. Los extraños simios que antes descansaban o se desparasitaban tranquilamente comenzaron a correr despavoridos, saltando por las copas de los árboles y usando las lianas para impulsarse. Las jirafas de dos cabezas (con sus respectivos cuellos) y sus primas lejanas (las jirafas-cangrejo) trotaban alocadamente en la misma dirección, al igual que otros curiosos y peculiares animales. El cielo comenzó a oscurecerse. Todos entendieron que estaban en peligro. La naturaleza es sabia, así que debían seguir a aquellos animales antes de que fuera tarde. El grupo comenzó a correr. S, viendo que J cojeaba aún y que se estaban quedando rezagados, ayudó al joven a montar en uno de los curiosos caballos desbocados que participaban en aquel repentino éxodo, después ella montó en otro, para no quedar atrás. J podía escuchar el sonido de los cascos chocando contra el suelo, las piedrecitas saltando después de cada firme pisada, el aliento y los resoplidos del caballo…Empezó a sentir el viento en la cara y sus manos agarraron de forma inconsciente las crines del animal. Un horrible sonido le hizo girar la cabeza, y lo que vio detrás le hizo estremecerse y gritar de pánico: un caracol de dimensiones descomunales avanzaba hacia ellos, babeando todo a su paso y moviendo sus enormes tentáculos (del tamaño de dos torres de dos plantas), en cuyos extremos brillaban dos esferas oculares blanquecinas. El caracol era ciego (y algo bizco).

S hizo una señal con el brazo para que la siguieran y, torciendo bruscamente hacia la izquierda, se metieron en el interior de una cueva escondida entre la maleza, aunque de tamaño considerable. Dentro de la cueva flotaba una intensa niebla azul. Desde allí vieron pasar y alejarse al caracol gigante. Estaban a salvo. Al menos de momento. Gumersindo se sentó resoplando por el cansancio. Aquilino, Florencio y Margarita estaban mas descansados porque habían viajado montados a lomos de Gumersindo, aunque todavía tenían el pulso acelerado por el miedo los primeros, y le castañeaban los huesos a ella debido al sobresalto.

S miró fijamente a J. J la miró y balbuceó:

- Ho… ¡Hola!

J se sonrojó, lo que unido a la intensa luz azul le hizo parecer morado por unos instantes.

Al no recibir respuesta, continuó hablando.

- ¿Cómo estás…? Te he echado TANTO de menos… Verás, sé que no nos conocemos mucho, pero por alguna razón también sé que nacimos para encontrarnos…

Después de pronunciar con dificultad las palabras que llevaba semanas ensayando, las lágrimas comenzaron a deslizarse por su cara. Silencio por respuesta.

- ¿Por qué te fuiste? ¿Sabes lo que he pasado para encontrarte? ¿Tienes idea de lo que he pasado?

El brillo en los ojos de S le hizo comprender que ella también le había echado MUCHO de menos, que ella le había estando esperando, que ella había estado buscándole también.

La figura se acercó y ambos se fundieron en un apasionado abrazo. Por un instante, y por primera vez en su vida, J dejó de pensar.

Simultáneamente, y medio Kilofrungo a sus pies, en el mundo subterráneo de los Diminutos de Robledillo (seres de dimensiones ínfimas pero con apariencia humanoide), dos jóvenes diminutos se daban su primer beso subidos a una tapia para escuchar el concierto que daba uno de sus paisanos, con motivo de las fiestas locales.

http://www.youtube.com/watch?v=EkIidzxL-iA

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NOTA DE LA AUTORA

2. Dit es una unidad de medida subjetiva e indeterminada del tiempo: puede equivaler a un infinito experienciado, aunque constituya sólo unos minutos de tiempo real.