22 de enero de 2009

Capítulo VII: AMARGA


"Amor y muerte, nada más fuerte"


J sentía curiosidad.


- ¿Cómo llegaste a esta situación?
- UNA MALDICIÓN.
- Sí, eso lo suponía. ¿La maldición te obliga también a hablar así?
- NO, ES POR EL TABACO. AUNQUE SUPONGO QUE TAMBIÉN INFLUYE LA AUSENCIA DE CUERDAS VOCALES.
- Entiendo...

Gumersindo, que no soportaba el vaivén del barco, no tenía muy buena cara.

- Se te ve algo pálido, hijo. ¿Te encuentras bien?
- Psché.

La respuesta del gran paquidermo hizo que todos se alejasen un poquito más de él.

- ¿Y qué hiciste para estar maldito?
- LO QUE HACEMOS TODOS LOS QUE ACABAMOS ASÍ: ME ENAMORÉ.

Se oyó algo parecido a un suspiro debajo de la capucha.

- ¿Cómo era ella?
- EN REALIDAD SOY HETERO. PERO NO TENGO NADA EN CONTRA LAS LESBIANAS, QUE CONSTE.

Una sonrisilla se dibujó en la cara de Florencio, que estaba comiendo pistachos. J estaba confuso.

- ¿Eins?
- Jovenzuelo, creo que deberías preguntar a nuestro amigo por su nombre.
- ME LLAMO MARGARITA, MARGARITA PIESDESCALZOS. PERO DESDE HACE TIEMPO TODOS ME LLAMAN AMARGA.


Todos se sorprendieron al escuchar el nombre excepto Gumersindo, que no estaba para sorpresas.
Florencio se atragantó con un pistacho.

- ¿Eres una... chica? ¿...mujer? Bueno, ya me entiendes...
- CLARO. Y MUY FEMENINA. PERO PIERDO UN POCO SIN MAQUILLAJE.
- Nooooooooooo, que vaaaaa. Estás preciosa, nena - dijo Aquilino guiñando un ojo.

J miró a Aquilino, y la mirada lo dijo todo. El proceso (pocas veces explicado en los libros de psicología) fue el siguiente: después de la mirada, un diminuto ser (de nombre Paco) salió corriendo del cerebro de J a través de su pupila izquierda y saltó. Un pequeño paracaídas se desplegó, permitiendo a Paco aterrizar suavemente en el suelo. El microscópico hombrecillo siguió corriendo con todas sus fuerzas hasta llegar a la pata izquierda de Aquilino, donde hizo una pausa para sacar sus útiles de escalada y su inhalador contra el asma. Una vez preparado, comenzó a escalar hasta alcanzar la verdosa oreja del pequeño paquidermo, entrando por ella hasta su cerebro y comunicándole el mensaje: "Ya te vale".

- ¿Y cómo era él, entonces? - preguntó J, todavía algo confuso.

Florencio, muy nervioso, golpeó a J con su bastón.

- ¡Chico! ¿Cómo puedes ser tan maleducado? ¿Qué es eso de meterse en la vida íntima de los demás? ¿Es que tu madre no te enseñó modales?

Todos miraron al gusano con miradas que lo decían todo, dando así trabajo a un montón de seres asmáticos diminutos que no paraban de correr de acá para allá.

- NO TIENE IMPORTANCIA. ME GUSTA RECORDARLE. SU RECUERDO ES LO ÚNICO QUE ME QUEDA...

Florencio tragó saliva.

- EL VIAJE VA A SER LARGO. TENEMOS TIEMPO. OS CONTARÉ MI HISTORIA.

0 comentarios:

Publicar un comentario