15 de enero de 2009

Capítulo I: ¿Otro centro comercial?


Érase una vez, hace mucho, mucho tiempo, un hombre cuya única misión era vagar por el mundo. Un mundo muy distinto al que conocemos, donde la magia y la libertad eran más valoradas que la seguridad, el dinero o la comodidad. Aquel hombre, de nombre J, no tenía casa, pero el mundo era su hogar. Nunca tuvo dinero, y nunca lo necesitó. La libertad era su alimento (aunque los pistachos también ayudaban) y su objetivo en la vida no era otro que el de vivir.


J despertó aquel día cuando los primeros rayos de sol , colándose entre las grandes hojas de los árboles del Gran Bosque, comenzaron a acariciar su cara. Sonrió, se estiró y se puso de pie de un salto. Después de desperezarse, se puso a caminar silbando en busca de un riachuelo en el que lavarse un poco.

- ¡Brrrrrr!

El agua estaba helada, y eso le encantaba.

- Hace un gran día, ¿no es cierto, amigo? - dijo dirigiéndose a uno de los siempre antipáticos abedules.
- ¿Qué tiene de grande? - contestó el abedul, frunciendo un trozo de su corteza.
- ¡Mira el cielo! ¡Mira el sol! ¡Mira este agua! - dijo J sumergiéndose en el pequeño lago.
- Humanos - refunfuñó el abedul, y dejó de prestar atención a aquel feo homínido para volver a centrarse en lo desgraciada que era su vida.

Después del baño matutino, el estómago de J comenzo a hablar.
- ¿Cuándo piensas comer algo? ¡Llevas horas sin probar bocado!
- Tranquiiiiiilo.
El estómago comenzo a llorar, como de costumbre.
- No puedo creer que me trates tan mal...Yo siempre a tu lado, apoyándote, digiriendo tus estrafalarias comidas, ¿y tú me lo pagas así?
- Tranquiiiilo, que ya voy a buscar aaaaalgo...

Así que J comenzó a observar, siempre silbando, los árboles de alrededor mientras caminaba. En unos minutos había encontrado suficientes frutos como para concederse un desayuno grandioso. Se sentó al sol, colocó los frutos en el suelo por estricto orden alfabético y seleccionó el que más le apetecía en ese momento. Lo cogió, lo miró, sonrió y se lanzó a darle un bocado. En ese mismo instante, una piedrecita golpeó a J en la cabeza.
- ¡Auuu!
La manzana cayó al suelo y rodó un trecho. J se levantó restregándose la cabeza, pero el dolor duró poco. Una atractiva joven le observaba a dos árboles de distancia, mientras jugaba con una piedrecita entre sus dedos.
- ¿Por qué has hecho eso?
- Para avisarte
- ¿Avisarme ?
- Sí, estabas a punto de darle un mordisco a un g..
- Mi nombre es Florencio, gracias - dijo un gusanito que salía en ese momento de un lateral de la manzana- Podría andar con mas cuidado jovenzuelo, por poco me muerde.



- Usted perdone - respondió J mientras ayudaba a Florencio a situarse en la rama de un árbol. Cuando volvió a mirar a la joven, ya no estaba, pero en el suelo había un papelito:


Era la segunda vez que J veía papel en su vida. Era un material raro (ni siquiera podía hablar) y la gente solía escribir extraños símbolos en él. A pesar de que había aprendido a leer y escribir en media docena de idiomas, J no reconoció aquel lenguaje.
- ¿Sabes qué pone aquí, pequeño amigo?
- ¿Pequeño? - respondió Florencio indignado - Para tu información, jovenzuelo, tengo 125 años. Trátame con algo más de respeto.
- Lo siento señor - respondío J con una sonrisa - ¿Sabe usted qué pueden significar estos símbolos?
- No sé lo que significan, pero sé quién puede saberlo.
- Estupendo. Vamos a buscarle - dijo J cogiendo suavemente a Florencio.
- ¡Ey! ¿Quién ha dicho que quiero ayudarte?
- Te daré una manzana entera para ti solito cada dos días.
- ¡Andando!

Dos jornadas (y una manzana) después, Florencio y J llegaron a su destino.
- Aquí es - afirmó el gusano.
- ¿Dónde?
- ¡En ese árbol, joven ignorante! Esa es la morada de la gran Hu Wo, sabia entre las sabias.
- Interesante...


- ¿Quién osa perturbar el descanso de la gran Hu Wo?
La irritante voz surgía de la garganta de una anciana vestida con un curioso chandal rosa que observaba con interés una bola de cristal.
- Soy yo, Floren. Vengo con un amigo.
A J se le escapó una sonrisita.
- ¡Floren! ¡Cuánto tiempo! Te he echado de menos, ¿sabes?
Florencio susurró algo inaudible si no eres del tamaño de un gusano. Luego continuó:
- Mi amigo viene a reclamar su derecho a información.
- De acuerdo, pero que sea rápido. Estoy viendo Salsa Rosa. Tienes derecho a dos preguntas, joven. ¿Cuál es tu primera pregunta?
Después de 5 segundos de reflexión, J lo tuvo bastante claro:
- ¿Por qué llevas puesto un chándal rosa?
- Me gustan los chandals. Son cómodos. Y en realidad no es rosa. Tú lo ves de un color al que llamas rosa y que probablemente no te resulte demasiado atractivo. Yo lo veo de otro color. Un color atractivo al que también llamo rosa. Quizás sea tu azul, tu verde o tu morado.
- ¿En serio? ¡Qué interesante!
- ¿De dónde crees que salió la expresión "Para gustos, colores"? Tu primera pregunta ha sido contestada. ¿Cuál es tu segunda pregunta?
J se mantuvo pensativo durante un rato. Millones de preguntas bombardeaban su mente cada segundo, y cada una de ellas le gritaba con voz aguda: "¿No quieres conocer mi respuesta? Ja ja ja ja ja". Pero al bajar la cabeza y ver el papel en su mano, recordó a la fugaz y bella chica.
- Quiero saber qué significan los símbolos escritos en este papel.
La anciana leyó el papelito con bastante asombro.
- ¿Por qué me preguntas algo que ya sabes?
-¿Cómo dice?
-Sí, no te hagas el loco. Eres un chico inteligente, sabes que cualquier abedul conoce el alfabeto sículo, a estas alturas ya sabes lo que pone en el papel: “búscame en la Isla Azul”. Lo que me extraña es que las palabras estén separadas…en ese alfabeto no se dejan espacios. En cualquier caso lo difícil no es saber traducir sículo, sino conocer la Isla Azul y su historia…¿Quién te dio este papel, muchacho?
- En realidad no lo sé… ¿Dónde está esa isla?
- Supongo que esa es tu segunda pregunta en realidad...
Tras mirar durante unos instantes al joven, la gran Hu Wo continuó:
- Bueno, la historia de la Isla Azul es larga, será mejor que prepare poleo-menta para los tres.
Y la anciana se levantó del sillón, colocó un paño rosa encima de la bola y se dirigió a la cocina.

- ¿"Floren"? - susurró J, sonriendo.
- Todos tenemos un pasado, y no siempre es bonito. ¿Crees que he sido siempre un gusano? - contestó Florencio, también entre susurros.
- ¿No lo has sido siempre?
- Sabes que no. Y supongo que intuyes cómo acabé con esta forma...
- Ciertamente, lo intuyo, "Floren" - J no pudo contener una risita malévola -. Sin embargo, me gustaría conocer la historia entera.
- No quiero hablar de esto ahora. Hu puede volver en cualquier momento.

En ese instante, el antiguo y polvoriento teléfono de la cocina empezó a sonar, temblando como un oso-vibrador de un Happy Meal.
- "Pasado y Futuro", buenos días, le atiende la gran Hu Wo. ¿En qué puedo ayudarle?
- ...
- ¡Petri! Tengo taaaaaantas cosas que contarte... ¿Sabes quién está aquí?
- ...
- ¡El mismo! Tenías razón.
- ...
- Sí, sí que lo es...

- Oh, Dios. La bruja de su hermana - el gusano suspiró.
- ¿Te cae mal?
- No, es maja. Pero también es bruja. Tenemos tiempo de sobra. Te contaré la historia...

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