1 de junio de 2009

Capítulo XIX: Tan cerca...


"La impaciencia por conseguir algo es directamente proporcional a lo cerca que ese algo se encuentre"
J (1984 - 2084 2083)



A la mañana siguiente, temprano todavía, la expedición partió rumbo a la isla.

La mañana era fresca, como ocurría siempre después de una noche de luna fuego1.

- En serio... ¿Por qué me tirasteis esa piedra? Estoy harto de chichones... - comentó J dolorido, frotándose la cabeza y tiritando ligeramente.
- Ya te lo he dicho... ¡No fuimos nosotros! Sin embargo, sigo pensando que te la merecías.
- ¿De dónde salió entonces?
- No creo que ella tenga nada que ver... por aquí no había nadie - comentó Florencio como leyendo la mente de J.

El joven se sonrojó.

- Tranquilo, muchacho. Pronto daremos con ella.

Después de un par de horas de camino, llegaron a la playa. Un pequeño y cochambroso barco flotaba a duras penas sobre la ondulante superficie marina.
Un extraño personaje, con una pierna de madera y un garfio en la mano izquierda, izaba una bandera con la foto de Margarita.

- ¿Conoces a ese hombre? - preguntó Florencio con tono de sospecha.
- NO LE HABÍA VISTO EN MI VIDA.

J fue el primero en acercarse al barcucho.

- ¡A del barco!

El hombre de la bandera se asustó y se lanzó al suelo. Durante los segundos posteriores se escucharon choques metálicos y, finalmente, un disparo y un grito.

- ¿No es eso lo que se dice para entrar en un castillo? - susurró el gusano.

- ¿Se encuentra usted bien? - preguntó J.

- ¿QuIéNeS sOiS? - gritó el hombrecillo, dolorido y muerto de miedo, con voz ronca.
- Me llamo J, y estos son Florencio, Gumersindo, Aquilino y Margarita. Viajamos hacia la Isla Azul.

Un sombrero asomó por uno de los laterales del barco.

- AaAaRrRrRr... - gruñó -. ¿EnToNcEs VeNíS eN sOn De PaZ?
- Supongo que sí...
- ¡PaRdIeZ! QuÉ sUsTo Me HaBéIs DaDo...

El hombre se puso en pie con dificultad. Mientras lo hacía, los integrantes de la expedición tuvieron tiempo de conversar un rato.

- Vaya, qué sombrero tan chulo. ¿Crees que se enterará si se lo cojo prestado?
- Pues teniendo en cuenta que tiene un parche en cada ojo... yo diría que no.
- ¡Mira papá! ¡Tiene un garfio en la mano! ¡Y una pata de palo!
- Este hombre está hecho trizas...

Cuando el extraño personaje consiguió estabilizarse, dio un largo trago a una botella con un montón de equis que sostenía con la mano no-garfio. J le dirigió la palabra.

- ¿Quién eres?
- ¿CóMo OsAs HaBlArMe eN eSe tONo, mAlDitA BaBoSa mARiNa? - contestó de forma grandilocuente y "mirando" al vacío -. ¡YO SoY KLaNtOr! ¡El TerROr dE lOs MaReS dEl suR! ¡SoY
La sEmiLla dEl mAL, eL aZoTe dE LoS JusToS, eL piRaTa máS TeMidO dE tODoS lOs TieMPoS!
- Ammm...
- QUÉ MONO...

Todos sonrieron.

- ¿Podrías acercarnos a la Isla Azul? No podemos pagarte, pero nos sabemos un montón de chistes.

- ¿Me tOmAs eL PeLo, RiDícULo mEjiLlóN dE aGuA dULcE? ¡Os arReBAtaRé tOdAS VuEstRaS poSesIOnEs DesPuÉs dE sEgARos La vIDa! ¡VaMOs, vEniD aQuí!

Klantor movía su garfio a ciegas, golpeando el aire.

- Este tío está muy mal... ¿Por qué no le robamos el barco?

J miró a Aquilino reprobatoriamente.

- Pues yo estoy de acuerdo -dijo Florencio-. Ya se lo devolveremos. De todos modos, no creo que le dé mucho uso...

Todos sonrieron de nuevo.

- ¡No oS EsConDáiS, bAsTaRdoS dE uNa FoCA! ¡OS eNcOntRaRé dE tODoS mODoS!

- ¿Bastardos de una foca? Este tío es la monda - comentó J con una sonrisa -. Pero a ver quién le convence para que nos lleve...

- Yo me encargo. Dadme cinco minutos.

Siguiendo órdenes de su padre, Gumersindo se acercó al barco y, cogiendo suavemente a Aquilino con la trompa, lo posó en la cofa de madera. Tres minutos después, Klantor anunció en voz alta:

- ¡SuBiD, aMiGoS! ¡KlAnToR oS LLeVarÁ a La IsLa AZuL!

El hombrecillo dio un laaaargo trago a la botella, que era distinta a la que habían visto antes.

- Mi padre siempre fue un gran negociador... - dijo Gumersindo orgulloso.
- De eso no hay duda, grandullón. Subamos...

A pesar de las dudas que todos albergaban sobre el barco y sobre las capacidades de su capitán, en menos de una hora estaban cruzando el espacio que los separaba de la Isla Azul a toda velocidad.

J no pudo ocultar su asombro:

- ¿Cómo puede un hombre sin ojos manejarse así de bien en un barco?
- Sin ojos, con un garfio en una mano y un sujeta-botellas de madera en la otra, con dos patas de palo, y a saber qué más... - añadió Florencio sonriendo.

J se agarró sus partes nobles frunciendo el ceño.

Después de dejar todo funcionando en el barco y de fijar el timón, Klantor dio otro largo trago a su nueva botella (ya casi vacía) y se sentó cerca de los demás. J no pudo contener su curiosidad.

- Klantor, tengo una duda que me reconcome ciertos órganos internos: ¿cómo perdiste... TODO eso?
- ¡¡¡AaAaAaArRrRrR!!! Es uNa LaAaArGa hIstOriA, mALdIta rÉmoRa cALcÁrEa. AuNqUe siN dUDa nO Lo mEreCeS, tE la ConTarÉ...

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NOTAS DEL AUTOR

1. Desde que se tiene memoria, en el Gran Sombrero la luna cambia de color cada cierto número de noches2. No sólo no se conoce la razón exacta de este hecho, sino que ni siquiera se sabe si hay una sola luna que cambia de color o existen varias lunas con distinta pigmentación. Las teorías al respecto son TAN numerosas que no se van a exponer aquí más que las dos más conocidas y, generalmente, más aceptadas por la clase científica del Gran Sombrero y por los habitantes del planeta. La primera de ellas fue enunciada por el gran Joe, quien (al parecer) aseguró que la luna reflejaba el color de la cara de Dios, asociando cada uno de los colores con un determinado estado de ánimo del Ser Supremo. Como consecuencia de dicha afirmación, convertida en creencia generalizada a lo largo de los siglos, existen en el Gran Sombrero infinidad de liturgias cuyo objetivo es contentar al Todopoderoso, sobre todo en las noches en las que está enfadado (cuando la luna es del color del fuego).
La segunda teoría (la más aceptada por la clase científica y los estamentos cultivados de las sociedades del Gran Sombrero) fue enunciada y parcialmente demostrada por los científicos Mapuches al colgar un espejo de la luna, y asegura que el satélite no refleja más que la luz del Sol, de modo que siempre es del mismo color: perla. El efecto visual de cambio de color se debe, según esta teoría, a una serie de nubes de partículas ferromagnéticas que se mueven de forma cíclica (debido al fuerte campo magnético generado por el Gran Sombrero) alrededor del planeta y que filtran ciertas longitudes de onda de la luz que llega de la luna.

2. Los colores de la luna, tal y como se estudia en cualquier escuela del Sombrero, son: clorofila, fuego, cielo, perla, hueso, labio y azabache. Cada color tiene asociada una duración, un número de noches en las que dicho color se repite. Por ejemplo, el hueso dura 3 noches. El perla es el de mayor duración (5 noches) y el fuego el de menor duración (1 noche).

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