9 de abril de 2009

Capítulo XVIII: La Gran Sonrisa (III)


"Todo está conectado."

Los golpecitos en el hocico hicieron despertar a Dientecillos. Le dolía TODO. Nunca se había sentido TAN mal.

- ¡Levanta, pequeño! Necesitas beber si de verdad quieres seguir viviendo.

Una pequeña lagartija con una enorme barba blanca golpeaba repetidamente al perrillo en el hocico con su juguetona cola.

- Vaaaamos, no seas holgazán. Abre los ojos.

El pequeño personaje verde trataba de levantar con sus deditos el párpado derecho de Dientecillos.

- Mmmmmmmmm, déjame. Quiero descansar...
- ¡Elegiste vivir! ¡No me vengas ahora con esas! ¡Levántate y sígueme! ¡Vamos!

A duras penas y con un esfuerzo sobreperruno, Dientecillos consiguió levantarse.
Después de tres eternos minutos1 siguiendo al pequeño reptil, llegaron a la cima de una gran duna, desde donde se divisaba un enorme oasis. Dientecillos arrancó a correr como si le fuese la vida en ello (acertada metáfora) y se zambulló sin pensarlo en el enorme lago de agua cristalina. ¡Estaba tan fresquita!

Poco después Dientecillos estaba completamente recuperado.

- Pequeño, un amigo me ha contado que eres alguien muy especial. Vendrás conmigo. Te enseñaré cosas que todos deberían ver por lo menos una vez en la vida.

- Vale - dijo el perrillo con su aguda vocecilla y una sonrisita juguetona.

- ¿Me dices "vale" sin conocerme siquiera? Jajajaja. Me llamo Z, y soy una de las Tres Lagartijas Legendarias. ¿Has oído hablar de nosotras?

Alrededor del lugar en el que estaban sentados había un montón de cantos rodados, y Dientecillos no pudo evitar la tentación de juguetear con ellos (la verdad es que ni siquiera se planteó la posibilidad de no hacerlo...).

- No - dijo Dientecillos cogiendo una piedrecita.


- Hijo, tirar piedras al lago no es buena idea.

- ¿Por qué? - preguntó el pequeño intrigado.

- Digamos que no es un lago común...

- ¿Por qué? - insistió el perrillo.

- De acuerdo, te lo explicaré. Hay ciertas irregularidades en el Universo en que vivimos, ¿sabes? Lo normal en un Universo medio es que los caminos espacio-temporales estén vigilados por ciertos mecanismos de control externos. Sin embargo, el sombrero y sus alrededores están exentos de dicho control, y lugares como éste cobran relevancia en el desarrollo de los acontecimientos de la Historia, que no es lineal como en otros Universos...

Dientecillos bostezó.

- ¡La Historia es ciclo-helicoidal en nuestro Universo! ¿No es fascinante? Un hecho del futuro puede desencadenar hechos en el pasado, y eventos que aparentemente se producen en una fecha y un lugar concretos pueden cambiar el devenir de seres que viven en otra época a cientos de miles de kilofrungos
2...

Dientecillos volvió a mirar la piedrecita, bostezando de nuevo.

- Este lago, en concreto, es uno de los múltiples (pero bien escondidos) pasillos espacio-temporales de nuestro planeta. Bajo ciertas circunstancia, un elemento con la energía cinética necesaria podría atravesar el continuo espacio tiempo, desgarrando lo que ahora nos parece una sólida e irrompible lógica causal, que...

Dientecillos lanzó la piedrecita al lago.

...

.oO ...dieciocho, diecinueve, veinte, veinti... ¡Auuu!

Una piedrecita golpeó a J en la cabeza. Había dolido, pero en su cara, en lugar de lágrimas, se dibujó la sonrisa más grande de la historia, batiendo el mítico record que hasta entonces ostentaba el famoso Dientecillos Joe McGregor...


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NOTAS DEL AUTOR

1. ¿Realmente fueron esos minutos eternos?

Para Dientecillos y su moribundo soporte vital, esos minutos parecieron horas... Cada segundo de esos tres minutos suponía para su cuerpo la muerte de miles de células por falta de riego sanguíneo, dañando profundamente sus órganos vitales. El dolor oscilaba entre 90 puntos (en la escala BS-21) cuando estaba quieto y 95 puntos cuando intentaba moverse, haciendo que la sensación de paso del tiempo fuese casi nula.

Sin embargo, a 254 kilofrungos2 de allí, Esmeralda vivía los tres minutos más cortos de su vida. Francis, un chico muy tímido del que siempre había estado enamorada, acababa de declararse haciendo un esfuerzo sobrehumano que le había teñido la cara de rojo. Ella se emocionó tanto que, agarrándole de la mano, le llevó corriendo hasta el granero de su padre, donde empezaron a contar aquellos maravillosos 180 segundos...

2. El kilofrungo es una unidad de medida de distancia elíptica muy utilizada en el sombrero. Rectificándola, equivaldría a unos 956 metros.

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