11 de marzo de 2009
Capítulo XV: La Gran Sonrisa (I)
Una gran sonrisa es un bello rostro de gigante.
La Gran Sonrisa, según los archivos del famoso notario Ryu Joe Kendo, se produjo el quinto día de la vigésimo-segunda semana del año 582 D. J.1 en una cueva de la región este de la Gran Pradera Kunyen.
Se relatarán a continuación los hechos que condujeron a dicho acontecimiento, cuyo protagonista fue un pequeño mamífero de raza confusa y de nombre Dientecillos Joe McGregor, criado en el seno de una familia de perrillos Kunyen de clase media.
Desde su nacimiento, todos se dieron cuenta de que Dientecillos no era como los demás.
Era tradición en el clan Pe-Kunyen que el gurú de la tribu mordisquease ligeramente a los recién nacidos para realizarles la Marca, que les identificaría y determinaría su posición en la sociedad a lo largo de sus cortas vidas. Durante el proceso, todos (absolutamente TODOS) los perrillos Kunyen de la historia habían emitido un gemidito ahogado de dolor... hasta que Dientecillos llegó al mundo, claro. Su tímida sonrisita en tales circunstancias fue lo que decidió al gurú a ponerle el nombre con el que pasaría a la historia:
- Pequeño, a partir de este momento serás conocido como Dientecillos Joe, de la familia de los McGregor. Que tu sonrisa en estos momentos sea presagio de una vida larga, feliz y provechosa.
La infancia de Dientecillos fue difícil, y durante años no tuvo demasiadas razones para sonreír. Su tendencia a hacerlo incluso en las situaciones aparentemente menos apropiadas le causaron muchos problemas entre crías y adultos, y más de una vez volvió a casa con heridas después de jugar con sus "amigos". Sus padres comenzaron a preocuparse: el chico no encajaba. Todos en la tribu le conocían como el "raro" y nadie aparte de sus padres le trató nunca con afecto. Poco a poco, su perenne sonrisa se convirtió en una sonrisa triste. Sus ojos parecían llorar sin lágrimas al tiempo que su boca mostraba su perfecta dentadura blanca.
Dientecillos recibió el golpe más duro de su vida tan solo siete meses después de nacer. Su padre se enteró de que Dientecillos era hijo de una hiena-Kunyen que había abusado de su madre mientras ésta buscaba bellotas en la zona desértica. A partir de ese momento las peleas en casa se convirtieron en algo constante, y los ataques de su padre le dejaron malherido en más de una ocasión.
Todo terminó un fatídico día de agosto. Dientecillos volvía a la cueva después de una mañana de exploración solitaria. No escuchó gritos, y no le hizo falta mucho más para imaginarse lo peor. Su madre yacía muerta en el suelo de la cueva. Su padre, moribundo por las heridas de la pelea y con lágrimas en los ojos, sólo pudo pedirle perdón antes de morir.
De este modo, y por primera vez en su vida, Dientecillos dejó de sonreír.
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NOTAS DEL AUTOR
1. D.J. = Después de Joe. Joe fue, durante dos milenios, el único profeta respetado como tal en el Gran Sombrero. Como homenaje a tan elevado personaje, todos los seres animados e inanimados que vivieron durante dichos milenios llevaron como segundo nombre "Joe". Las enseñanzas de Joe fueron escritas por muchos de sus millones de discípulos, pero las discrepancias entre sus versiones llegaron a ser tan grandes que actualmente es difícil decir qué era exactamente lo que enseñaba el gran maestro. Tales discrepancias desencadenaron la Gran Guerra, de doscientos años de duración, que acabó con las tres cuartas partes de la población del planeta. Los que quedaron perdieron las ganas de seguir llamando Joe a sus hijos...
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Capítulo 15
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