15 de enero de 2009

Capítulo V: Dudas


"Tú eres tan joven como tu fe y tan viejo como tu duda. Tan joven como la confianza que pones en tu interior y tan viejo como tus temores. Tan joven como tu esperanza y tan viejo como tu desesperación".


El quinto día de viaje, al atardecer, la expedición topó con un ancho y profundo río. El río era tan ancho que no se divisaba el otro lado. En la orilla, un hombre vestido con una túnica negra se fumaba un cigarrillo al lado de un bote que no parecía estar en muy buen estado.

- ¿QUERÉIS CRUZAR EL NAROC? - pregunto el extraño hombre.

La profunda y fuerte voz que pronunció aquellas palabras sorprendió a todos los presentes. Aunque el hombre no mostraba ninguna parte del cuerpo (la túnica le cubría por completo y la capucha le tapaba la cara), daba la impresión de ser bastante enclenque.

J se acercó al encapuchado.

- Hola amigo. ¿Sabes si hay algún puente por aquí? Agradecemos tu oferta, pero como puedes observar viajamos con elefantes y tu bote no parece lo suficientemente resistente como para llevarnos a todos (sin ánimo de ofender).

El hombre, siempre tranquilo, dio una calada a su cigarro, mostrando una mano carente de piel, músculos, tendones o cualquier otra cosa que no fuesen huesos o insectos.

- NINGÚN PUENTE CRUZA EL NAROC.

La voz y la visión de la mano hizo que un escalofrío recorriese la columna de todos los presentes. Florencio se sintió algo desplazado.

El hombre dio otra profunda calada y continuó hablando.

- MI BARCO PUEDE LLEVAROS.

El cielo se oscureció de repente. El agua comenzó a moverse como enfadada y el bote, crujiendo y gimiendo, empezó a crecer hasta convertirse en un buque de guerra enorme.

- A mí me ha convencido - dijo Aquilino.
- EL VIAJE NO SERÁ GRATIS.
- ¿Cuál es el precio? - preguntó J.

Una mano esquelética surgió del otro lado del traje jugando con una gran moneda de oro.

- APOSTAREMOS. SI GANÁIS, CRUZARÉIS EL RÍO.
- ¿Y si perdemos?
- TU ALMA SERÁ MÍA.

Todos tragaron saliva.

- ¿No hay otro camino para llegar a la Isla Azul?
- ÉSTE ES EL ÚNICO CAMINO.

Florencio suspiró.

- Aquí acaba nuestro viaje, entonces. Fue bonito, de todos modos. ¿Unas cervecitas?
- ¿Cómo? ¿Vamos a dejarlo ahora? - preguntó J indignado.
- Vamos, hijo. Fue bonito eso de seguirle la pista a la chica, las visiones, los atardeceres a lomos de Gu,... Pero seamos razonables: ¿Vas a jugarte la vida...? ¿Qué digo? ¡Es mucho peor! ¿Vas a jugarte el alma sólo por la posibilidad de encontrarte con una chica a la que no conoces de nada?

J vaciló.

- ¿Por qué no?
- ¿Y qué crees que pasará cuando te la encuentres? A lo mejor sólo quiere venderte algo, reírse de ti, o simplemente está loca. ¿Crees que ambos os enamoraréis nada más veros, os casaréis y viviréis felices para siempre en el país de la piruleta?
- Ella te salvó la vida (o al menos te evitó un disgusto).
- ¡Olvida eso! ¡Estamos hablando de tu alma! ¿Eres consciente de los horrores que te esperan durante toda la eternidad? Mira a este pobre desgraciado. Eternamente solo, fumándose un cigarrillo que no le sabe a nada, vestido con un pijama a la orilla de un río y literalmente muerto de hambre, dolor y frío. ¡Y es afortunado! Al menos ha acabado al aire libre... ¿Quieres acabar así, o incluso peor?

J agachó la cabeza, pensativo.

- Dormiremos aquí esta noche. Necesito reflexionar...


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