19 de enero de 2009

Capítulo VI: ¿Cara o cruz?


Eligieron un pequeño claro del bosque para pasar la noche.

- ...No sé si es lo correcto o no, pero es lo que quiero hacer. Si me traicionase a mi mismo ya estaría perdiendo mi alma. Puede no salir bien, pero si no lo intento siempre viviré como un fantasma arrepentido, prefiero ser un esqueleto que luchó por lo que quería. Sinceramente, si hubieras sabido las consecuencias que te esperaban, ¿hubieras dejado de besar a la joven que tocaba la flauta?

Florencio miró a un lado pensativo, y tras un instante respondió:

- De acuerdo muchacho, lo intentaremos, ahora es mejor que descanses.

A la mañana siguiente los cuatro amigos regresaron a la orilla del río. Lucía un sol espléndido, el extraño personaje de la túnica no estaba por ningún lado y....¡había un puente! J miró a sus compañeros con cara de asombro y felicidad.

- ¡Hay un puente chicos! ¡Y el esqueleto de la túnica no está! ¡Vencí mi miedo y ha desaparecido!

Gumersindo, Aquilino y Florencio le miraban extrañados.

- ¿Qué esqueleto? - preguntó Florencio-. "Has debido tener un mal sueño muchacho", le dijo mientras Gumersindo le daba golpecitos en la espalda con la trompa para tranquilizarlo. J no sabía qué pensar, los golpecitos en la espalda se volvieron más intensos.

- ¡Despierta muchacho, es hora de levantarse!

J abrió los ojos. Se pellizcó. Ahora sí estaba despierto. Tras desayunar en silencio, los cuatro amigos regresaron a la orilla del río. El color gris oscuro del cielo no era muy esperanzador. Cuando llegaron la escuálida figura ya estaba allí, con su cigarro.

- BUENOS DÍAS. ¿CARA O CRUZ?

El extraño ser les mostraba las dos caras de la moneda. J tragó saliva, Florencio miraba a J, Aquilino cerró los ojos, Gumersindo se quejó de que estaba refrescando y tenía frío.

- Cara - respondió J con firmeza.

Los ojos del esqueleto se iluminaron, y sin mas demora lanzó al aire la moneda. J volvió a tragar saliva, Florencio miraba a J, Aquilino se tapaba los ojos con las patas, y Gumersindo... estornudó. El paquidermo estornudó con tal fuerza que hizo tambalearse a su padre, al tiempo que desvió el rumbo de la moneda, que cayó a las profundidades del río.

- Ups, perdón - intentó excusarse Gumersindo.

El esqueleto parecía estar más pálido que antes. Se quedó inmóvil, parecía asustado. Tras un rato de silencio y conmoción general, el esqueleto balbuceó muy bajito:

- Ee...eeera la única moneda....

0 comentarios:

Publicar un comentario