La muerte es una quimera: porque mientras yo existo, no existe la muerte; y cuando existe la muerte, ya no existo yo.
Epicuro de Samos (341 AC-270 AC) Filósofo griego.
¿Estás seguro,
amigo Epicuro?
J (1984 -2084 2083) Ingeniero español.
¿Estás seguro,
amigo Epicuro?
J (1984 -
J y sus amigos, agotados por el esfuerzo y la tensión de las últimas 24 horas, cayeron rendidos al suelo. Los verdingos, sin embargo, irradiaban felicidad y ganas de vivir. La luz del sol (su Dios antes de ser engullidos por el mar) iluminaba sus felices rostros y les obligaba a entrecerrar sus pequeños ojillos por falta de costumbre.
Una vez que todos estuvieron a salvo, y entre el alborozo general, un hombre comenzó a gritar:
- ¡Viva J! ¡Viva el Mesías!
- ¡Viva! - respondía la multitud.
- ¡Él nos ha sacado del Gran Pez!
- ¡Viva!
- ¡Él evitó nuestra muerte en ese infierno!
- ¡Viva!
El griterío despertó a J, que no se sentía cómodo con todo aquello, e hizo un gesto a sus amigos para alejarse de aquel lugar cuanto antes.
- Eres bueno, chico - le susurró Florencio al oído.
- No he hecho nada excepcional, en realidad. Esa gente buscaba un mesías en vez de buscar soluciones. Eso es to...
El zumbido de una lanza cortando el aire interrumpió a J. Todo ocurrió muy rápido. El impacto fue certero y atravesó su pecho entrando por la espalda y saliendo a la altura del corazón. Tres segundos. J cayó de rodillas. La multitud se silenció. Florencio gritó. Tres segundos. J se desplomó en el suelo, los ojos en blanco, un reguero de sangre manando de su boca. Gritos de pánico de la multitud. Gumersindo y Aquilino corriendo en su dirección para tratar de solucionar lo que ya no tenía solución. Llanto desesperado de Florencio.
Todo se volvió borroso, difuso, oscuro. Hacía frío. J cerró los ojos y soltó el aire que quedaba en sus pulmones. Una lágrima se deslizó lentamente por su mejilla mientras su cerebro proyectaba la imagen de la bella desconocida a la que tanto tiempo había estado buscando. Le había costado la vida, pero no se arrepentía de nada.
El silencio lo envolvía todo. La Nada más absoluta se hacía tangible, y el Todo se difuminaba como pequeñas partículas blancas en un fondo negro infinito.
Un periodo ni largo ni corto de tiempo pasó.
- Buenas noches, J.
- ¡AAAHH! ¡Coño, qué susto!
- Tranquilo, ya no hay nada que temer.
- ¿Cómo que no? ¡Eres un payaso! ¡No te acerques a mí, bestia inmunda!
- Un momento... ¿te doy miedo?
- ¡No! ¡Me repugnas, maldita aberración viviente!
- Interesante... Pensé que sólo era una leyenda, pero tú debes de ser El...
- ¿De qué estás hablando, simiesca forma de vida inferior? ¡Y no te acerques tanto!
- Llevo millones de años segando almas, y eres el primero que siente miedo en esta situación.
- ¡Ya te he dicho que no te tengo miedo! ¡Me das ASQUITO!
- J, tú eres el legendario Odigele. Tu alma no será segada todavía, pero tengo un mensaje para ti.
- ¿Quieres callarte de una vez, hediondo y nauseabundo ser?
- El mensaje es el siguiente: "PONTE DE PIE". Y ahora debes volver por donde viniste. Ha sido un honor conocerte, Odigele.
- ¡Me repugnas, repulsivaaaa... AAAAARRRRRGGGGGHHHHH!
Una enorme espiral absorbió a J, deformando su etérea figura de forma caprichosa. El simpático payaso sonrió y comenzó a quitarse el disfraz. Le encantaba su trabajo...
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