15 de enero de 2009
Capítulo II: Floren y la gran Hu Wo
Desde joven fui un hombre apuesto y con grandes facultades. Mi pelo azabache ondeaba al viento y peinaba mi bigote con gomina, para rizar las puntas. Las jovenzuelas caían rendidas a mis pies. Además era un muchacho educado y trabajador. Para no truncar la ilusión de mi padre, el general Fulgencio de Calatrava, decidí dedicarme al mundo del ejército, pero preferí adoptar en el mismo una posición más comedida. Así alcancé el puesto de cornetista y cocinero. Nadie tocaba la corneta y el cornetín como yo, nadie preparaba los colacaos del desayuno como yo. El caso es que en uno de mis viajes de guerra, tras un bombardeo, el comandante nos invitó a ir al Circo Chu Li, el más importante de la zona oriental. Sentada en un puesto junto a la carpa principal estaba ella: la gran Hu Wo. Era realmente hermosa y joven. Iba peinada con una coleta en el lado derecho, y vestía con unos ropajes elegantes llenos de encajes y bordados. Fijó su mirada en mí, parecía estar leyendo mi pensamiento. En lugar de entrar a ver la función me quedé hablando con ella…Era una mujer enigmática, me atraía y me asustaba al mismo tiempo. Desde ese día, fui todas las tardes a verla, durante una semana. Era todo bastante extraño. A veces hablábamos, a veces nos besábamos… pero pronto me di cuenta de que no quería prolongar aquella relación. Me sentía incómodo, Su aliento olía a jarabe, a veces se quedaba callada largo rato, como dormida con los ojos abiertos, y más de una vez me palpaba minuciosamente el cráneo (en ocasiones ayudada por su hermana),así que decidí decirle que prefería romper nuestro lazo. Su mirada me estremeció, creo que sus ojos cambiaron de color y farfulló algo en arameo entre dientes. Le di un beso en la mano y me fui. El resto de semanas pasaron tranquilas, las maniobras se estaban alargando más de lo esperado aunque ya me estaba acostumbrando a vivir en aquel sitio. Una mañana, al ir a limpiar mi cornetín al cementerio como de costumbre, vi algo que me impactó: una hermosa joven rubia tocaba la flauta sentada en una lápida. Me acerqué a ella anonadado, la sonreí, ella sonrió, le faltaban las dos paletas pero eso la hacia aún mas encantadora.
- Me llamo Florencio, Florencio de Calatrava.
- Buenos días, yo me llamo Mary, Mary Anderson.
- ¿Mary Anderson? ¿La que inventó el limpiaparabrisas hace unos años?
- La misma (respondió ella un poco ruborizada).
Lo que vino después te lo imaginas, nos fundimos en un tórrido y dulce beso…Esa misma tarde, ya en el cuartel, recibí un paquete de la gran Hu Wo. Estaba jugando a la brisca con Mary cuando abrí el envoltorio…era una caja de bombones, acompañada de una nota que decía: os deseo lo mejor a ti y a tu amada, espero que os gusten. Mary hizo algún comentario alusivo a lo amable que había sido Hu Wo al hacernos tal presente, y luego se fue presurosa al baño porque tenía problemas de gases. El caso es que en el poco tiempo que ella estaba en el aseo, yo intenté pensar por qué Hu Wo nos había mandado ese regalo, y cómo se había enterado de mi reciente relación con Mary. No se muy bien cómo pero…mientras pensaba me comí toda la caja de bombones, estaban realmente deliciosos. Pronto me di cuenta de que algo no iba bien, me sentía mareado, ¡¡¡y la caja vacía de repente era enorme!!! Cuando Mary salió del excusado, me miró sorprendida. Trate de explicarle pero fue inútil, no lo aceptó.
- Nunca te perdonaré que te hayas comido todos, ¡egoista!(y se fue para no volver)
Y ahí me quedé yo, con el cuerpo que ves ahora. Eso sí, soy inmortal.
- Vaya… -dijo J, que había estado muy atento a la historia de Floren-. ¿Cuántos años tiene entonces Hu Wo?
- Ni yo mismo lo sé…pero ella también es inmortal.
En ese momento la anciana apareció de nuevo con una bandejita de plata en la que llevaba, con cierto tembleque, tres tacitas y una tetera humeante.
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